APENAS AYER… UN SI, QUE VALE ORO

“Lo mucho o poco que nos acontece en vida, no es más que pasajero, pero cimienta las bases de nuestro ser y fuerza espiritual.”

Corría el año de 1960 y Manolo, quien contaba con apenas 11 años de edad, ya se cuestionaba a si mismo qué podría llegar a ser cuando fuera grande, porque recién se había topado con la criatura más hermosa que jamás imaginó, una bellísima niña de apenas 9 años de edad, de sonrisa angelical, que al proferirla, no hacía más que descubrir la voluptuosidad de sus chapeadas mejillas avistando a su vez sus bellos ojos de miel y cuya imagen la grabó por siempre, a tal grado, que no hizo más que estimularle a él, además de sus tempranas neuronas, su ansia por crecer y dejar de ser, más temprano que tarde, una simple promesa.

El encuentro se había dado gracias a María, la madre de Manolo, quien había llevado a su vástago a casa de quién había sido su profesor de piano, en la década de los 40’s, para que lo instruyera en el arte de tocar tan bello instrumento. Fue allí donde Manolo conoció a la Chiquitina -como solían decirle sus hermanos mayores- a aquella adorable criatura, hija de quien, a la postre, sería su profesor de piano. De ese encuentro fugaz partió lo que a continuación relato de Manolo.

Cierto día, María le preguntó a Manolo si deseaba acompañarlo a visitar a su abuelo y como siempre se le ofrecían dulces o algún regalo, no tardó Manolo en asentir y correr detrás de su madre para subirse al auto y partir con ella a casa del abuelo. Llegando a su destino, los recibió Altagracia, una mujer de avanzada edad pero de paso firme, que era la autora de la exquisitez de la comida que se tenía la oportunidad de probar en ese majestuoso hogar. Altagracia anunció la visita y mientras los abuelos se disponían a darles la bienvenida a María y a Manolo, este se escabulló detrás de Altagracia para llegar junto con ella hasta la cocina. Manolo observó cómo Altagracia se arrodillaba enfrente  de un objeto rectangular de piedra para seguir con sus tareas cotidianas y sin esperar mucho, ya Manolo le había proferido la obvia pregunta:

– ¿Qué es eso, Altagracia?

– Es un metate, mi niño.

– Y, ¿para que sirve?

– Ah, pues para hacer unas pacholas que te vas a comer al ratito, mi niño.

Y en eso estaban cuando Manolo escuchó el grito de su madre María, quien lo llamaba a saludar.

– Hola Abu, cómo estás! Hola abuela! ¿Qué vamos comer unas pacholas? ¿Qué es eso?

– Si, ya lo verás, unas ricas pacholas y algo más. -Pasemos al comedor-, dijo el abuelo.

Y fue allí en donde Manolo se entregó a lo placeres del buen comer como seguramente lo hacía Dioniso en el Olimpo, a diferencia que en lugar de vino, a él le sirvieron un vaso de agua de jamaica. Sus pensamientos en ese momento estaban centrados en la deliciosa comida que probaba, el arroz con chícharos y zanahorias, las pacholas de carne molida de res acompañadas con aguacate y con unos frijoles refritos, simplemente excepcionales. Desde luego, no faltó el postre, unos deliciosos chongos zamoranos que en dicha casa estaban a cargo de la tía bisabuela de Manolo, apodada “Moñito” y quien llegó a ser el prototipo de la bisabuela ideal, la de los cuentos.

Terminada la comida, se levantó el abuelo de la mesa y dirigiéndose a Manolo , le dijo:

– Ven, acompáñame al despacho-, algo que era común tener en aquéllas casonas estilo colonial de la época.

Entrando al despacho, quedó sorprendido Manolo de su sobriedad y de la cantidad de libros que a su alrededor veía. El abuelo, no hizo más que tomarlo de la mano y pararse junto con él enfrente de un cuadro enmarcado, lleno de escritura y cuya inscripción procedió a leerle, párrafo por párrafo, sin perder la solemnidad que en dicho momento quiso imprimirle el abuelo al acto mismo. Decía así:

SI

 Si puedes estar firme cuando en tu derredor

todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza;

si cuando dudan todos fías en tu valor

y al mismo tiempo sabes excusar su flaqueza;

si puedes esperar y a tu afán poner brida,

o blanco de mentiras esgrimir la verdad,

o siendo odiado al odio no dejarle cabida

y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad.

 

Si sueñas, pero el sueño no se vuelve tu rey;

si piensas y el pensar no mengua tus ardores;

si el Triunfo o el Desastre no te imponen su ley

y los tratas lo mismo, como a dos impostores;

si puedes soportar que tu frase sincera

sea trampa de necios en boca de malvados,

o mirar hecha trizas tu adorada quimera

y tornar a forjarla con útiles mellados;

 

Si todas tus ganancias poniéndolas en un montón

las arriesgas osado en un golpe de azar,

y las pierdes, y luego con bravo corazón

sin hablar de tus pérdidas vuelves a comenzar;

si puedes mantener en la ruda pelea

alerta el pensamiento y el músculo tirante

para emplearlos cuando en ti todo flaquea

menos la Voluntad que te dice: “Adelante”;

 

Si entre la turba das a la virtud abrigo;

si marchando con Reyes del orgullo has triunfado;

si no pueden herirte ni amigo ni enemigo;

si eres bueno con todos, pero no demasiado,

y si puedes llenar los preciosos minutos

con sesenta segundos de combate bravío,

tuya es la Tierra y todos sus codiciados frutos,

y lo que más importa, serás Hombre, hijo mío.

 

                                          Rudyard Kipling

 

Terminando el abuelo con su lectura, volteó a ver a Manolo y le dijo:

– Qué te parece, ¿Te gustó?

Y Manolo, con una cara de asombro e incomprensión por lo que había escuchado, no encontró otro remedio que decirle, -Sí, abuelo, si me gustó-, siguiendo simultáneamente con la irrupción de su madre María, que entrando al despacho, le dijo a su padre, – Bueno, padre mío, nos vamos porque ya se nos hizo tarde y tengo que ver por tus otros nietos que en esta ocasión dejé en casa-.

– Ve con Dios, hija mía.-

Puedo asegurarles que de estos pequeños detalles nació la admiración tan grande  que Manolo les tuvo siempre a su tía bisabuela “Moñito”, a Altagracia y, qué decir, a su abuelo mismo. “Moñito” se convirtió en la relatadora más amena y admirable de cuentos. Altagracia, en la cocinera que le estimuló poco a poco el apetito para el buen comer. Y, el abuelo, al destacar de él la viva imagen de un hombre justo –siempre lo identificó como un abogado-, consentidor siempre con sus hijos y nietos y dadivoso con todos aquellos que tenía cerca. Jamás perdonó que el tiempo fuera un enemigo del confort, la satisfacción y el apego a tan memorables personajes que venían atravesándose en su vida, pero también con el tiempo supo aceptar y comprendió lo irremediable de tan injusta consiga a la que llega la vida y entendió así, después de muchos años, que la felicidad se vive a cada instante y que no era él mas que un pasajero más, de qué, precisamente del tiempo.

Para algunos, Manolo puede reflejar la identidad de un simple mozalbete precoz e ingenuo y, para otros, será aquél niño cuya constancia era el sueño y el sentimiento que al paso del tiempo pudo convertirlos en una realidad, ¿Será?, al tiempo!

A más abstención, menos financiamiento: propongamos una iniciativa ciudadana

Vale la pena leer esta propuesta de mi amigo Alfredo Acle Tomasini. Vamos a unirnos varios interesados para que esta propuesta se vea cristalizada a la brevedad posible. Háganos saber sus comentarios.

Alfredo Acle Tomasini

¿Valdrá la pena votar? fue el título de mi pasada entrega, pregunta que suscitó entre mis amables lectores comentarios muy variados respecto a cómo la responderían.

Quienes contestaron en sentido positivo, argumentaron que votar era un deber como padres y ciudadanos. O bien, me dijeron que no hacerlo implicaría claudicar. Por su parte, aquellos que respondieron en forma negativa, señalaron su hartazgo de una clase política que sólo se sirve a sí misma, por lo que asumen que cualquiera que sea el resultado electoral nada cambiará.

Entre ambas posiciones están los todavía indecisos. Algunos de ellos admiten que están inmersos en una encrucijada que todavía no resuelven y que les incomoda, porque hasta ahora siempre habían acudido a la urnas convencidos de que cumplían con una obligación ciudadana.

Por último, también encontré el caso de aquellos que desean expresar su voluntad pero que no aceptan que esto deban hacerlo escogiendo…

Ver la entrada original 1.036 palabras más

UN ENCUENTRO CON LOS ABUELOS

“Los recuerdos se incrustan en forma lapidaria cuando dejan una profunda huella.”

“Querida familia: ya habrá tiempo o edad para leer o entender la razón de lo que hoy escribo.”

Recuerdo que hace ya casi seis décadas me encontraba en un domingo como el de hoy disfrutando de la convivencia familiar, costumbre que se  repetía cotidianamente, gracias a que los padres no podían dejar pasar una semana sin visitar a los abuelos, mientras se tenía la dicha de contar con su existencia.

Al paso de los años, me percaté del fugaz instante que dicho tiempo perduró en mi vida, pero hoy tengo la dicha de rescatar alguna de sus huellas.

Relato como ejemplo, el acontecer que se dio una tarde lluviosa de septiembre del año de 1956 en la todavía majestuosa y transitable Ciudad de México, cuando mis tíos Elda y Gustavo, este último hermano de mi madre, junto con mis padres María de las Mercedes y Jaime, decidieron hacer un viaje intempestivo al bello puerto de Acapulco y sorprender allí a mi abuelo, también de nombre Gustavo, quien se encontraba en dicho lugar en casa de uno de sus grandes amigos, disfrutando placidamente de unas vacaciones, supongo que merecidas y muy gratas, al lado de Conchita, su esposa, a quien siempre aprecié y consideré como mi abuela, ya que mi abuela consanguínea de nombre Emilia, de quien únicaTío Gus con su Chrysler DeSotomente tuve referencias de la gran mujer que fue, había fallecido a temprana edad muchos años antes de estos sucesos.

Seguramente mi tío estaba ansioso de poder compartir con su padre, mi Abuelo, el gusto de contar con un nuevo automóvil, un Chrysler DeSoto del año, de color “arenas del Hawai”, según él mismo me platicó, el cual lo había podido adquirir ya siendo un prominente abogado.

Me cuentan que dicho viaje lo realizamos en el mencionado automóvil mis tíos Elda y Gustavo, acompañados de su primera hija, mi prima, también de nombre Elda, mis padres María de las Mercedes y Jaime, junto con mis hermanos Jaime, Carlos, Mercedes, José Luis y María Emilia, yo y Tomasa, quien ayudaba en casa de mis padres al cuidado de los hijos. No puedo todavía imaginarme la forma en la que nos debimos haber acomodado tratándose de 12 personas que se dieron a la aventura de viajar en un automóvil con capacidad máxima de 6 personas. Era una costumbre muy arraigada en México, ya que difícilmente se podía tener más de un automóvil, pero eso si, proliferaban en grande las familias numerosas, como las nuestras.

Para apaciguar mi incógnita, quiero suponer que en dicho viaje mi prima Elda y mi hermana María Emilia quienes tenían pocos meses de nacidas viajaron en el regazo de sus respectivas progenitoras. Mi hermano Carlos en las piernas de mi padre y Tomasa tomando el cuidado de mi otro hermano, José Luis. Jaime, Meche y yo, seguramente nos acomodamos como Dios nos dio a entender. Lo que si recuerdo es que fue un viaje agotador, excitante y divertido a la vez, por el viaje mismo que se dio de noche, en carretera, con una duración de la travesía de entre 8 a 10 horas. También recuerdo que durante el trayecto dimos un alto en el camino para la carga de gasolina, estirar piernas y comer algo, ya entrando la madrugada, en la única gasolinera de Iguala que existía de paso y que contaba con un restaurante de la familia Figueroa, para después continuar con la travesía sin que los adultos perdieran el ánimo, ya que no decaía el buen humor y seguramente, para distraer la tensión o el sentido de arrepentimiento que no dudo les pasó por sus cabezas, se la pasaban entonando canciones de aquella época que los niños que los acompañábamos escuchábamos y apenas comprendíamos, pero que por su constante alegría al proferir su canto, puedo asegurarlesTía Elda y Eldita que eran de las más populares.

Las preguntas de, ¿ya vamos a llegar?, se repitieron constantemente y seguro estoy que por ello me aprendí sin titubear la canción de uno y hasta mil elefantes que ufanos se balanceaban en las cuerdas de una araña. Finalmente, en la madrugada del día siguiente al que inició esta aventura llegamos a nuestro destino y, por supuesto, a turbar elPatito y Mely plácido sueño de los abuelos quienes no por ello dejaron de recibirnos si, con gran sorpresa, pero con mucha alegría. En ese momento, para nuestros padres y abuelos lo importante era saber cómo nos íbamos a acomodar. Mis padres y hermanos nos quedamos con los abuelos y mis tíos con Elda su hija llegaron a hospedarse al Motel Acapulco que se encontraba en la costera y me cuenta mi tío que pasaron una noche (o ya de día) de suplicio, ya que mi prima Elda no dejaba de llorar en todo momento,no sabiendo si se trataba de hambre, sueño, fatiga o protesta por el intenso ajetreo al que fue expuesta la pobre criatura, no así mi hermana María Emilia que siendo de la misma edad de su prima Elda cayó en manos, no de Morfeo, sino de mi padre, quien se recostó con ella para velarle su sueño en un sillón de la casa.

Todos los demás nos habremos ido a dormir, ¿a dónde?, nuevamente, ¡sólo Dios sabe! Para mí, lo importante de este relato fue el acontecer de la noche del día en que llegamos. Una noche de las que anticipan la llegada de aquellas llenas de plenitud de los meses de octubre. Un cielo azul que por su claridad inspiraba tranquilidad, incrustado por un sin fin de estrellas y una luna esplendorosa que de no haber sido por la distinción que a esa majestuosidad le dio mi Abuelo y dada mi corta edad, nunca me hubiera yo percatado. En esa ocasión, en ese preciso momento, estábamos mi hermano Jaime y yo asidos a cada una de las manos de nuestro querido Abuelo. Nos tomó a ambos y nos subió y sentó en una pequeña barda de la casa que miraba al mar, llegándonos los reflejos de las luces que expele la grandeza provocada por la luz de luna. Nos cubrió con sus brazos y comenzó a cantarnos una canción, que desde entonces, nunca se escapó de mi mente:

En noche lóbrega galán incógnito

las calles céntricas atravesó,

y bajo clásica ventana gótica

templo su cítara y así cantó:

 

Niña hermosísima de faz angélica

que en blancas sábanas durmiendo estás,

abre solícita tu alcoba mística

que ni los pájaros nos sentirán.

 

Sirena ábreme

tu alcoba mística

que ni los pájaros escucharán,

esta es la bóveda

vertiendo lágrimas

que aquí los céfiros

hay la llevan.

 

Pero la sílfide que oyó estos cánticos

bajo sus sabanas se arrebujo

y dijo ¡cáscaras! es el murciélago

que anda romántico no le abro yo.

 

Porque si es húmeda la noche y ábrole

me van los céfiros a constipar,

y el pobre músico muy melancólico

guardó su cítara y se marchó.

    YouTube- el murcielago – estudiantina de la universidad de Guanajuato

La entonación que le imprimía el Abuelo a dicha canción, la hacía graciosa y pícara y, por lo tanto, divertida. Quizás aquí haya comenzado el inició de lo bohemio y románticos que resultamos mi hermano Jaime y yo, sin descartar a mis otros hermanos que, desde luego, también tienen lo suyo, dado el origen y las costumbres que cultivamos en nuestra gran familia. Hace poco tiempo que dicho anécdota de vida se lo platiqué a mi tío y quedó sorprendido que me acordará de lo aquí reseñado y que le tarareara tan vieja canción, sumándose al intento por recordarla y por eso, aquí se las ofrezco.        Tío Gus Eldita Jaime MelyNo sobra decir que estoy en una etapa de mi vida en la que me empiezan a invadir los recuerdos, recuerdos que me llenan de orgullo y de nostalgia pero que a su vez me refuerzan el alma y me fortalecen el espíritu para continuar con su trascendencia, mientras se pueda, a través de estos breves relatos.

01/03/15

EL INICIO DE UNA NUEVA AVENTURA

Me dije a mi mismo: “Ya basta de pensar y pensar y no plasmar tus pensamientos en textos, textos que te pueden ayudar a hacer fluir tus ideas o quizás, hasta pudiesen ser útiles para alguien.” Y me repetía: “Pero, ¿cómo hacer fluir tus ideas? ¿Para mi mismo? ¿Para otros? Vamos, ¡no seas pretensioso! Si acaso, podrás captar la atención de algún despistado que en sus momentos de ocio pudiese desear comunicarse, intercambiar opiniones, hacer algún comentario o lograr una conversación de una temática de interés para ambos”.  Y esto, precisamente esto, me convenció de iniciar mis blogs de opinión o relatos que puedan fluir dentro de una red hoy admirable y con un gran potencial para encontrarnos en la comunicación de las ideas. Así es que vamos a iniciar esta nueva aventura para darme a mi mismo y darles a todos aquellos que sea capaz de atraer,  la satisfacción de crecer a través del intercambio sean de opiniones, comentarios e ideas o de simples relatos de vida. Quizás así, lograremos sembrar recuerdos y, por qué no, hasta un cambio, ¿de qué?: de tanto que requerimos cambiar nosotros mismos para ser mejores en lo que hacemos y en lo que nos propongamos. Ahí vamos pues…